La paradoja de los medicamentos genéricos
Los medicamentos genéricos son la columna vertebral del sistema de salud global. En Estados Unidos, el 90% de las recetas se llenan con versiones genéricas, pero solo representan el 10% del gasto total en medicamentos. Su existencia ahorra a los sistemas de salud más de $400 mil millones al año. Sin embargo, detrás de este éxito en accesibilidad hay una crisis silenciosa: muchos fabricantes genéricos están perdiendo dinero. En 2025, Teva, una de las mayores empresas del sector, registró una pérdida de $174.6 millones. Mientras tanto, Mylan (ahora parte de Viatris) logró un margen de ganancia del 4.3%. ¿Cómo es posible que dos empresas del mismo sector tengan resultados tan opuestos?
El colapso de los genéricos básicos
El modelo tradicional de fabricación de genéricos se basa en producir medicamentos simples, como la metformina o la lisinopril, después de que expira su patente. Durante años, esto fue rentable. Los márgenes brutos llegaban al 50-60%. Hoy, esos márgenes se han desplomado por debajo del 30%. ¿Por qué? Porque cuando una patente expira, decenas de fabricantes entran al mercado al mismo tiempo. Cada uno compite por el mismo cliente: farmacias, hospitales y gestores de beneficios farmacéuticos (PBMs). El resultado es una guerra de precios. Algunos medicamentos se venden por menos de un centavo por tableta. En este entorno, el volumen no compensa la pérdida. Fabricar 10 millones de pastillas de un genérico básico ya no genera ganancias, solo cubre costos. Muchas pequeñas empresas han cerrado. Otras se han quedado sin inventario porque no pueden cubrir el costo de la materia prima o el cumplimiento regulatorio. El resultado: escasez de medicamentos esenciales. Según el Dr. Aaron Kesselheim de Harvard, esto no es un fallo temporal, es un fallo del mercado.
El giro hacia los genéricos complejos
La única forma de sobrevivir es salir del mercado de los genéricos básicos. Las empresas que aún ganan dinero están apostando por genéricos complejos. Estos son medicamentos difíciles de fabricar: inyecciones estériles, formulaciones de liberación prolongada, combinaciones de múltiples principios activos, o productos que requieren tecnologías avanzadas como nanopartículas o sistemas de entrega transdérmica. La FDA aprueba menos de 100 de estos productos al año, y solo unas pocas empresas tienen la capacidad técnica para hacerlo. Por eso, los márgenes son más altos: entre el 35% y el 50%. Teva ha redirigido su estrategia hacia estos productos. En 2024, invirtió $998 millones en investigación y desarrollo, enfocándose en tratamientos para enfermedades como el mieloma múltiple y trastornos del movimiento. El resultado: sus ingresos por genéricos especiales crecieron un 12% en un año. Viatris también ha cambiado su enfoque, vendiendo sus divisiones de productos de venta libre y componentes activos para concentrarse en medicamentos de alta complejidad. No se trata de hacer más, sino de hacer lo que pocos pueden hacer.
El auge del contract manufacturing
Otra salida es dejar de vender medicamentos y empezar a fabricarlos para otros. El sector de fabricación por contrato (CMO, por sus siglas en inglés) está creciendo a una tasa del 9.98% anual y se espera que alcance $90 mil millones en 2030. Empresas como Egis Pharmaceuticals han lanzado divisiones enteras dedicadas a producir ingredientes activos o formulaciones terminadas para marcas y otros genéricos. Este modelo elimina el riesgo de precios bajos porque el cliente paga por capacidad, no por volumen. No necesitas vender directamente a farmacias. No necesitas luchar por un lugar en los formularios. Solo necesitas cumplir con los estándares de calidad y entregar a tiempo. Los costos de inversión son altos -más de $100 millones para una planta cGMP- pero el retorno es más predecible. Para muchas empresas pequeñas, este es el único camino viable. En lugar de competir en un mercado saturado, se convierten en proveedores esenciales de la industria.
Las barreras que nadie te cuenta
Entrar en este negocio no es como abrir una tienda. El costo promedio de aprobar un nuevo genérico ante la FDA es de $2.6 millones. Eso es solo por el trámite. Luego vienen los costos de construir una planta que cumpla con las normas de fabricación actualizada (cGMP). Una instalación moderna cuesta entre $100 y $300 millones. Después, hay que asegurar el suministro de materias primas, que fluctúan en precio según el clima, la política y los conflictos geopolíticos. Y luego, el tiempo: tardas entre 18 y 24 meses en conseguir la aprobación y que te acepten en los sistemas de reembolso. Según McKinsey, más del 65% de las empresas que empiezan solo con genéricos básicos fracasan antes de los dos años. No es falta de esfuerzo. Es falta de estrategia.
Regiones, reglas y oportunidades
La situación no es igual en todas partes. En Estados Unidos, el sistema de PBMs empuja los precios hacia abajo. En Europa, los gobiernos fijan precios más altos y protegen a los fabricantes. En Asia, especialmente en India y China, los costos de producción son más bajos, pero los riesgos regulatorios y de calidad son mayores. América Latina y África ofrecen crecimiento, pero con inestabilidad monetaria y sistemas de salud fragmentados. Las empresas que tienen éxito son las que no dependen de un solo mercado. Viatris, por ejemplo, tiene operaciones en más de 160 países. No se puede depender solo de EE.UU. El futuro está en la diversificación geográfica y en la capacidad de adaptarse a los regímenes locales.
¿Qué viene después? El futuro de los genéricos
La industria no va a desaparecer. Al contrario. Entre 2025 y 2033, más de 50 medicamentos de marca con ventas anuales de miles de millones de dólares perderán su patente. Se espera que el mercado global de genéricos alcance los $600 mil millones en 2033. Pero ese crecimiento no llegará por más pastillas de ibuprofeno baratas. Llegará por genéricos complejos, biosimilares, formulaciones innovadoras y servicios de fabricación. Las empresas que sobrevivan serán las que inviertan en tecnología, no en volumen. Las que entiendan que su valor no está en el precio, sino en la capacidad. Y las que recuerden que su misión no es solo ganar dinero, sino garantizar que los medicamentos esenciales sigan disponibles. Porque si nadie los fabrica, no importa cuánto ahorres: no habrá medicina para quien la necesita.